sábado, 27 de agosto de 2011

En qué cabeza cabe que este sillón lo puede ocupar cualquiera?

El asunto es así.
Te sentás en una silla -en ésta silla- y a los costados un par de consejeros.
Más allá, los que van a ejecutar las políticas por dentro consensuadas.
Y los escapes, los filtros que abundan, aquí y allá.
Y quien sabe si no podrían aplicarse mejor esas políticas de no ser por ellos.
O sería peor la gestión, al no tener alertas que despierten a los gestores. Que los hagan reaccionar.

Y luego, elevando la voz de sus demandas,
de maneras digamos... diversas; se presentan:
la corporación financiera,
la corporación empresaria,
la corporación sindical,
la corporación de la salud,
la corporación de los movimientos sociales,
la corporación de los medios,
la corporación policial,
la corporación del agro,
la corporación de los cultos,
la corporación judicial,
la corporación educativa,
la corporación militar...
En tanto cada corporación es y no es tal, sino que supone internas con intereses contrapuestos.
Y que más allá de su cara visible, esboza caras que francamente no puede visibilizar, por su propia subsistencia.
Y hay más y más estratos que presionan a quien debe gobernar desde el lugar central.
Y que debe delegar funciones y debe descentralizar tareas.
Y debe atender a los pedazos autónomos que hacen al gran todo que debe dirigir.

Y uno escucha que cualquiera se puede sentar en esa silla.
Alguien en su sano juicio piensa que cualquiera se puede sentar en esa silla?
Alguien piensa que alguien que no esté sano y lúcido por demás puede resistir un período ocupando esa silla y arrojarse aún a otro?

La corporación legislativa tiene un permiso particular para lucirse creativamente, o para sostenerse en situaciones desmedidas o bizarras sin ningún pudor.
De un laburo te rajan si hacés una o dos de las ciento de barbaridades que ellos pueden hacer en un período sin que los raje nadie.
En un laburo no podés ir en contra de los intereses de quien te contrate. En el Parlamento podés ir en contra de los intereses del Estado que te sostiene y hasta a veces te catapultan a un sitial de héroe y todo, por ir en contra de esos intereses.
Podés armar una cruzada contra la corrupción pero trabajar afanosamente para que el dinero del Estado migre al bolsillo de alguna de las corporaciones que eso no es entendido comunmente como corrupción.
Y estamos hablando de dineros gruesos.
Y hasta desde allí, podés postularte a ocupar aquella silla que demanda por la defensa del interés de la Nación y trabajar allí más fluídamente aún en beneficio del interés de alguna corporación o Embajada.

En este país a esa silla se la denomina "El sillón de Rivadavia".
Un tipo que siendo el primero que la ocupó, trabajó decididamente para una Embajada y alguna que otra corporación.
Es decir; empezamos mal.
Sin embargo nuestra avenida más larga lleva su nombre.
Nos imprimieron allí todo un sello pleno de significado. De lo que nos querían transmitir. Como para que no nos olvidemos.

Todavía a nadie se le ocurrió ponerle a una calle el nombre de Menem o De la Rúa, creo. Pero nunca faltan candidatos para estos quehaceres.
El pueblo mayoritario debería hablar más alto. Porque siempre la palabra repetida la tiene el minoritario; ese que quiere sentar una y otra vez a un Cobos, a una Carrió, en esa silla en la que encontrarían un resorte que inexorablemente los despediría por el aire, para que el pueblo mayoritario que pretende construir una comunidad más fuerte e integradora; con más beneficios para todos, sufra otra postergación más.
Y ojo que la suma de esas postergaciones hace que a muchos se les vaya la vida, postergados.

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4 comentarios:

  1. Lo del "sillón de Rivadavia" es una de esas leyendas urbanas que prenden sin ser cuestionadas. El tipo al irse de la casa de gobierno se llevó todos los muebles. No hay base histórica para la denominación. Si es por ser justos, el sillón debería ser "El sillón de Derqui", el primer presidente constitucional de la Argentina ya que la Constitución Nacional fue dictada durante el mandato de Urquiza y sólo fue aceptada por Buenos Aires después de la batalla de Cepeda.O el "sillón de Saenza Peña" por el sufragio universal masculino o incluso el "sillón de Perón" por el auténtico sufragio universal y la Constitución de 1949.

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  2. La verdad es que cuando llegó De la Rua a sentarse a ese sillón pareció que en verdad allí se sentaba cualquiera.
    Pero, desde que Néstor ,primero, y Cristina, después, ocuparon ese sillón, se subió abruptamente el listón. No cualquiera está a la altura del sillón de Roque Sáenz Peña, Yrigoyen, Perón y Kirchner (Néstor y Cristina).

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  3. La caida que le pronostican a Ricardito para octubre (abajo del dígito) seguramente tiene que ver con que nadie se lo imagina ahí.

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  4. Si habrán puesto a cada mamarracho por la fuerza en ese sillón. Parece que las cosas cambiaron y el pueblo hace respetar sus proyecciones.

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