sábado, 12 de noviembre de 2011

Mi amiga la muerte (?) - 5


La vida y la muerte van juntas. Irremediablemente.
Para quien reclama certezas, ninguna más cierta que esta.
Es mejor andar con lo moral a cuestas en la vida.
Y mejor aún, con la sensibilidad en las manos abiertas.
El tema es que lo moral se ve desde una posición que suele encubrir determinada inmoralidad.
En toda posición sucede ello.
Quienes más la proclaman suelen ser los que más encubren.
Y esto no es un mero dicho.
Es casi matemático.
El asunto de la sensibilidad es más adecuado para la vida.
Esta ahí, en el contacto con el otro, registrando la inmediatez sublime.

La muerte se nos da como el presentimiento de lo inmediato sublime.
Voy a desoír por un momento a quienes invocan que no vale la pena escucharla.
Porque la muerte, habla.
Que dicen que es atentar contra la alegría de vivir.
La alegría de vivir no juega con eso.
Con eso solo juega el miedo profundo.
Todos sentimos ese miedo.
En determinados momentos registramos la certeza de la nada.
Pero el registro de la nada no es la nada.
Porque se siente.
En muchos momentos sentimos la alegría de estar vivos.
Momentos, aunque fuesen reducidos mas tarde por la miseria que pulula en este mundo.

Ser concientes por momentos de la vida, en un grado de vigilia intenso, es serlo de inmediato de la muerte que la acompaña.
Sucede que mayormente vivimos en un semisueño.
Aunque no lo aceptemos como verificable, lo es al punto que podemos palpar los ensueños en medio de los que nos estamos moviendo.
Esas nubes que transitan alrededor de nuestro pensamiento, como si las pudiésemos acariciar en el aire.
Estar muy despiertos, digo; implica una intensa vigilia en la que dejamos de especular en nuestra mente por un momento y podemos aquietar su ruido, elevándonos por encima de esas nubes.
Registrar el aire completamente despejado con la mente calma y atenta.
Sin evocar y sin racionalizar ese registro. Poniéndonos en situación.
Sintiendo el alrededor con fuerza. El rigor de lo viviente en total calma.
Sin pensar acerca de ello.
Escuchando simplemente. Una voz única, pero sin palabras, en lo profundo de la mente.

Quizás nos augure un viaje. Porqué no?
Sin saber de los límites de ese viaje; que tal vez fuesen distintos a estos límites.
Pero pronto estamos volviendo; a mezclarnos con las nubes, con los ensueños a través de los cuales percibimos a los demás.
Prueba de ello es que quizás pensemos cosas del otro, que simplemente le adosamos.
Que el otro no tiene necesariamente.
La vida estaría así signada por un encadenamiento asociativo centrado mayormente en nuestras proyecciones.
No en la realidad en si.
Sino en las proyecciones sobre lo que concibe la mente, es la realidad.

-"Veo el mundo a través de un velo",
decía el Buda.
La muerte no sería ese fastidio. Ese dolor. Ese temor. Esa sensación de agotamiento o desolación.
Esas son nuestras emociones. No es la muerte.
Esas son las emociones que traducen la idea de algo que para la conciencia es
lo desconocido absoluto.
La muerte está allí. Siempre.
No la tomemos con quien nos la señala, y tal vez pueda ser de ayuda comprenderlo.
Comprender lo que aceptamos con resignación. O con miedo. O con indiferencia. O con menosprecio.
Pero comprender que eso no es la muerte. Esas son emociones proyectadas sobre la idea de algo que es para la conciencia,
lo desconocido absoluto.

En algo podría cambiar el mundo, pensémoslo.
Quizás quien acapara en desmedro de las necesidades del otro dejara de hacerlo.
Porqué?
Porque para qué! simplemente.
Si simplemente la muerte justiciera nos empareja en nuestro destino inevitablemente despojado.
Esto es racional. Lo otro; el comportarse con la soberbia del egoísmo.
El arrasar con el otro por fines absurdos que justifican medios brutales, es lo irracional.
Y sin embargo, es la conducta que embarga el hacer en el mundo de los pocos que hacen sufrir a los muchos.
Y a los que a su servicio, están por miedo a perder. Y se encadenan en hacer rodar esa máquina que parece imparable y se carga vidas como la nuestra.
La sensibilidad está en registrar que esas vidas son exactamente como las nuestras.
Por eso es: lo imprescindible.

Cierro esta serie de cinco post. Con este que es el único en el que hablo desde mi.
Lo tomo como un ritual.
La vida y la muerte comprenden ceremonias que saludan su paso. La humanidad las respeta a ambas, ritualmente.
Solo falta que ritualice la vida misma, para hacerla sagrada.



.

12 comentarios:

  1. no quiero hacer un comentario ni cinico ni gracioso. Solo se que no estoy preparada.Pero supongo que es como todo, cuando llegue espero estar a la altura de las cosas.

    ResponderEliminar
  2. No saber el momento
    el instante preciso
    inadvertido
    esa vuelta de hoja
    que el domingo brillante
    pasa a tarde agria

    puede que a las 17 precisas

    - sabios los ingleses

    con su five o clock tea

    en que ahuyentan fantasmas-



    o la mirada del sol a esa hora
    no lo sé
    tropiezo con un caballo triste

    de andar sombrío



    habrá que decir como Cesar

    que contó su muerte en aguacero


    creo que me iré una tarde
    del séptimo día
    será gris con una gota de lluvia
    gris sobre otra gota más gris todavía

    quedarán entonces las mañanas
    irradiantes de luz y el cansancio
    al costado

    ResponderEliminar
  3. Porqué no quiere, Sirena. Si lo siente, hágalo.
    Digo lo que me dice algo adentro. Usted diga lo suyo.
    Más que de preparación, hablo de que está aquí, ahora. Inevitablemente. Y por eso, a veces, cuando lo siento, siento las cosas que aquí digo que siento.
    Nando expresa lo que siente y desde mi punto de vista, estas cosas son inobjetables. Expresa con palabras, como poesía -o como fuera lo podría expresar- lo que escucha en su interior.
    Y le doy la derecha; a todos nos juega el asunto de la preparación para el viaje.

    ResponderEliminar
  4. Antes vivía como si no fuera a morirme,espero no morirme como si no hubiera vivido.
    No podemos decir que la muerte nos toma por sorpresa porque desde que tenemos uso de razón sebemos que tenemos fecha de vencimiento.
    Lo imperdonable:caminar por la vida como si el mundo no nos afectara.Esta indiferencia ya es causa de mucho sufrimiento.

    ResponderEliminar
  5. Conoce a Cesar Vallejo??

    Me moriré en París con aguacero,
    un día del cual tengo ya el recuerdo.
    Me moriré en París -y no me corro-
    tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

    Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
    estos versos, los húmeros me he puesto
    a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
    con todo mi camino, a verme solo.

    César Vallejo ha muerto, le pegaban
    todos sin que él les haga nada;
    le daban duro con un palo y duro

    también con una soga; son testigos
    los días jueves y los huesos húmeros,
    la soledad, la lluvia, los caminos...

    ResponderEliminar
  6. Ahora si está diciendo mucho, Nilda. Y me parece que más que de Vallejo; de usted. Solo me parece.

    ResponderEliminar
  7. Ya la eludí tres veces con el método Viejo Miseria.
    Ya no le tengo miedo. Hace años que, en mi balance, la vida viene ganando por goleada y la otra nunca podrá hacer más de un tanto.
    Ya estamos a mano con la muerte, ahora que ninguno de los dos respeta mucho al otro.

    "La muerte está tan segura de vencernos que nos da toda una vida de ventaja". =José Piquer=

    ResponderEliminar
  8. Mierda, amigo Daniel, me ha dejado culo para arriba. Yo ya entré en esa faceta en la que uno hace cuentas y cuentas. Nunca lo había interpretado de ese modo, quiero decir, con tanta grandeza. Gracias.

    abrazo

    ResponderEliminar
  9. Bueno, ya sabés mi ¿miedo? no sé si es miedo...
    Sucede que no puedo plantarme y mirarla de frente...
    Sé que está ahí, y en cualquier momento... la puta que lo sé!!!
    Creo que recién ahora empiezo a hablar que sí lo sé, que llega y en cualquier momento... pero lo que no sé, es si me saldrá...
    Creo que puedo llegar a entender que mi muerte está ahí... lo que nunca voy a poder entender es por qué la muerte llega antes de tiempo... por qué me manoteó a mi cuñada y tres de sus cuatro angelitos... ellos no tuvieron posibilidad de decir ¡a vivir! ¡a ser solidarios! cuando el puto monóxido no los dejó amaneder...
    Puedo entender y hasta decir que me moriría un día de luna llena...
    Pero odio al mundo cuando pienso en un osito en una cuna...
    Y no sigo porque creo que ya te dije por qué no me gusta pensar en la muerte...
    Tal vez, porque pasaron sólo dos años y recién puedo empezar a hablar de esto... A lo mejor más adelante me acostumbro a caminar con estos agujeros...
    Te lo comenté porque hablaste "desde vos" entonces me animé a hablar "desde mí"
    Abrazo

    ResponderEliminar
  10. Gracias Pibe; abrazo!

    Hilda; el caso de los chicos yo tampoco lo puedo mirar de frente. Es de un sufrimiento que me supera con creces. Y lo he tenido cerquita con la muerte del hijo de mi mejor amigo. Pero bueno; hasta hay tradiciones culturales para las que el paso al más allá representa una puerta abierta hacia la luz y así encaran la ceremonia final.
    Abrazo.

    ResponderEliminar