lunes, 5 de agosto de 2013

Denzel Washington analiza la fijación básica de los caceroleros previo al 8A (el único acto de campaña con alguito de emoción que pueden hacer)




Concentrémonos por ahora en la supuesta injuria "negro de mierda": Como expresión, tiene su origen en la década del cuarenta, cuando se da en el país un desarrollo industrial acelerado que se concentra especialmente en Buenos Aires (pero también en Córdoba y en Rosario) y que genera una masiva migración interna: mucha gente del interior llega a la capital en busca de trabajo. Estos grupos migratorios no tienen físicamente las mismas características de los grupos que llegaban de Europa. Los nuevos migrantes son morenos, mestizos, mulatos, muchos descendientes de nuestros exterminados pueblos originarios y eso molesta a ciertos miembros de nuestra “europea” capital que ven teñirse de “oscuro” el paisaje citadino. Por lo tanto, ya desde su origen, “negro de mierda” es una expresión con una carga absolutamente despectiva y asociada a las características físicas de las personas como su color de piel o su color de cabello. Sin embargo, con el tiempo, esta expresión ha derivado en un “insulto” que designa a toda persona que se comporte de modo reprochable y, por lo tanto, el “ser negro” es igual a “ser basura”. Si además tenemos en cuenta el complemento que acompaña al “ser negro” casi como un apellido (“de mierda”) la equivalencia está completa. 

Hay quienes se defienden de la acusación de “racismo” alegando que con “negro de mierda” no se refieren al color de piel sino al alma, y entonces creen que hacen algo distinto de lo que dicen. Sin embargo, en realidad, no han hecho otra cosa que convertir lo literal en simbólico, es decir, ahora la “negritud” es asociada a lo malo de manera mucho más efectiva porque, cuando lo literal se transforma en símbolo, significa que ha habido un proceso de aceptación extendido en el uso de la expresión, de modo que su utilización se da sin que medie la razón, sin que medie la posibilidad de elegir entre una expresión y otra y, por lo tanto, estamos ante un fenómeno de falsa conciencia cada vez más difícil de desmontar. Y además, convengamos que a ninguno de quienes dicen referirse exclusivamente al “alma negra” de las personas, se le ocurriría usar esta “injuria” contra un rubio bien vestido, con una billetera gorda y un tatuaje en el cuello.




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8 comentarios:

  1. Agréguele el neologismo "villero" que a la negritud le agrega la segregación por procedencia.
    Bravo el asunto, muy bravo.

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  2. No les molestaba solo el color ya que era el de sus peones y sirvientas y a los que consideraban infrahumanos. Lo que los volvia locos eran las leyes peronistas que le daban a esa gente la categoria de seres humanos. Y ese odio y ese veneno siguen tan frescos como entonces. No creamos que la plaza de la Libertadora estaba llena de oligarcas: la mayoria era la misma clase mierda gorila de hoy.

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  3. Hoy todos los kirchneristas y los que sin serlo apoyan su proyecto son "negros de mierda" en ese sentido fuerte y simbólico al que se alude, somos el otro al que hay que excluir para que el país vuelva a ser "normal".
    Mienten cuando dicen que hay una Argen y una Tina o que la sociedad está dividida por culpa del kirchnerismo. Las divisiones, que si existen, no son de ahora y las crearon ellos para su propio beneficio.
    Somos negros de mierda y muy orgullosos de serlo. Que esa sociedad "blanca" que tanto añoran se la metan donde no suele dar la luz y reinan la oscuridad, los prejuicios y hasta el terror.

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  4. Y es como dice don Spilimbergo no ma':

    "Lectora de «La Prensa» y «La Nación», admiradora de oídas de cuanto figurón oligárquico circule, inmersa en el «somos un país agrícola-ganadero» y «los ingleses administran mejor», electora a ratos de diputados socialistas, esta clase media entra en el nuevo período sin comprender nada, y observa que sus «privilegios de pobras», su estabilidad relativa en un país que a diez cuadras del centro, en el corazón de Puerto Nuevo, erigía las latas de Villa Desocupación, se eclipsa ante una clase obrera industrial poderosa en política y sindicalmente organizada, que goza de buenos salarios hasta el punto de eliminar los antiguos desniveles.

    Celosa de su «categoría», no admite un cuello duro ni un juego de comedor por debajo de sus pies; y lo que más la indigna es ver a un «cabecita» ganando lo que ella, vistiendo dignamente, comiendo todos los días. Si en la nueva burguesía ve una cáfila de aventureros enriquecidos, en el proletariado encuentra a los cómplices políticos del «saqueo».

    Este moralismo expresa en fórmulas «elevadas» la sorda indignación por la «falta de sirvientas». "


    Hoy, en lugar de ls sirvientas, faltan los peones para la patria
    En fin, de lectura obligada Spilimbergo (si pueden) los trolls que picotean en todos lados con las mismas supersticiones de siempre.

    Saludos

    PD: Ahhh muy bueno el posteo anterior de UK sobre el sistema de salud

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  5. JA!¿y los hijos de puta?

    http://carnespodridas.blogspot.com.ar/2012/07/y-ustedcomo-anda-de-su-hijaputez.html

    ¿O la condición calificatoria pasa solo por el color?
    A,no,claro,hacen que gobiernan siendo capangas del poder.

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  6. Que siga bien, señora

    Por Jorge Rivas

    Hace unos días, cuando iba a ingresar al edificio anexo de la Cámara de Diputados,
    una señora madura, muy elegante y simpática, detuvo la marcha de mi silla de ruedas
    con el objeto de saludarme. Se inclinó, me tomó de la nuca y me susurró al oído:
    “Te quiero mucho. Pero no podés ser socialista y apoyar a este gobierno.
    Mucha fuerza”. Mi imposibilidad de hablar, sumada a la de gesticular, hizo que me
    limitara a mirarla, para luego seguir mi camino.

    Usted tiene razón, señora, soy socialista. Quédese tranquila, que no pienso aburrirla
    detallándole las razones. Sí me gustaría contarle que el siglo XX ya se encargó de
    demostrarnos en la Argentina que el slogan que sintetizaba aquella idea, “cuanto peor,
    mejor”, no era más que un trágico malentendido. Estoy convencido ahora de que cada avance,
    grande o pequeño, debe contar con nuestro respaldo militante, porque nos acerca a la
    sociedad que queremos construir.

    ...Otra cosa son los prejuicios, nunca inocentes, que los privilegiados en la vida y
    reaccionarios en la política suelen difundir en nuestro país.

    Lugares comunes que repugnan al corazón y a la cabeza, como “los pobres son pobres porque
    son vagos”, “acá no trabaja el que no quiere”, “lo que pasa es que se les da demasiado y
    no lo merecen”, “mandan a los hijos a pedir para gastarse lo que traigan en vino”, o el
    histórico “les das una casa y levantan el parquet del piso para hacer un asado”, y ni
    hablar de las nuevas fábulas como “se afanan la guita en bolsos”, o “construyen bóvedas
    para guardar el efectivo”, se ubican en el subsuelo de la dignidad y de la inteligencia.

    Completo en:
    http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-226095-2013-08-06.html

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  7. Muy buenos todos los comentarios.

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