lunes, 23 de septiembre de 2013

Brillante post de Marcelo MOO

NADA ES CASUAL

http://nada-es-casual.blogspot.com.ar/2013/09/el-post-massismo.HTML

El post-massismo

Entre las notas que leí ayer en los distintos diarios, rescato un par de párrafos de dos análisis que me parecen interesantes y que dan a reflexionar sobre el futuro de nuestro país, visto el resultado que seguramente se dara en octubre de no mediar algún hecho, por ahora, poco factible.
El proceso que encarna CFK adoptó un perfil industrial y relegó su perfil financiero. Privilegió el mercado y el consumo internos. Generó y mantuvo sus puestos de trabajo. Defendió el salario de sus trabajadores. Garantizó la rentabilidad de sus empresas. Pagó puntualmente sus compromisos internacionales. Todo eso fue posible porque no siguió las recetas del FMI, ni se sumó al ALCA, ni cedió al facilismo de los que pretendían volver a endeudarse para tapar los agujeros de un país que está contrahecho hace 40 años. Ese logro colectivo y soberano costó mucho como para aceptar que la visión sobre el país que derrama el 0,45 de los tenedores de bonos defaulteados, los fondos buitre, sea el de sus principales diarios y el índice inflacionario lo decidan tres PNG privadas, se piense lo que se piense sobre el Indec. 

Ningún país avanza si su estrategia de desarrollo no cuestiona las herraduras mentales del pensamiento que produjo el subdesarrollo previo. Negar la genialidad de Borges es una estupidez. Desconocer a Jauretche, Scalabrini y Hernández Arregui, algo más grave: un suicidio. No son para poner en un cuadro: son necesarios para formar los cuadros dirigentes de una Argentina moderna, inclusiva, soberana, la del siglo XXI. 

Que el gobierno tenga que dar explicaciones sobre Chevrón es apenas un ejemplo más de la superficialidad de los debates, tal como están planteados por las empresas de medios concentradas desde su supremacía comunicacional. Son los mismos medios que endiosan la figura del ecuatoriano Rafael Correa cuando parece que es un boy scout ecologista antikirchnerista, y lo convierten horas después en un maligno perseguidor de la prensa libre, amigo del kirchnerismo y del chavismo, cuando defiende una Ley de Medios mucho más severa que la argentina. O hablan maravillas de Evo Morales si se endeuda, y pestes si se fotografía con Raúl Castro. Mal de Dilma cuando acuerda con Cristina, y bien cuando se queja del proteccionismo nacional. No es gataflorismo, es un empeñoso trabajo de demolición de las posibilidades nacionales, de captura del sentido común ciudadano para que adopte como propio el interés de una élite o una corporación, que se siente por fuera del conjunto, en realidad. 

Ahí aparece en cuadro Sergio Massa, como delfín electoral de esas mismas élites o corporaciones. El amigo de la Embajada de los Estados Unidos. El que hablaba mal de Néstor y Cristina Kirchner a sus espaldas. El primer candidato de los diarios opositores con chances de proyección seria al 2015. Hay que decirlo: es un desgajamiento del propio kirchnerismo, una propuesta política que, en teoría, vendría a sostener lo útil y a desechar el lastre. Su apuesta a capitalizar el desgaste del oficialismo sin hacer antikirchnerismo bobo traduce viveza. Recoge, además, los frutos de la insidiosa campaña de estigmatización mediática sobre los principales funcionarios que hicieron posible el modelo. Y es cierto que aprovechó bien una decisión oficial: le habla al sector que apoyó a Cristina en el 2011, parte del 54%, que quedó fuera de la discusión cuando el kirchnerismo se volcó fuertemente a sintetizar su propio perfil organizativo e ideológico, post acto de Vélez Sarfield. 

Massa advirtió que había un sector vacante, desatendido, de volátiles lealtades y lo interpeló con las encuestas en la mano, diciendo lo que querían escuchar. No es un fenómeno. Es producto de un momento del kirchnerismo, que todavía no tiene candidato que suceda a Cristina ni certidumbre sobre su comportamiento partidario, más allá de las urnas inmediatas. Si el kirchnerismo en algún momento cristaliza en un movimiento doctrinario, como lo fue el peronismo, va a ser porque el engranaje pequeño que garantiza consistencia, mística e ideología, gira en sintonía con otro mayor, destinado a capturar y seducir masividades sustantivas con discursos menos crípticos. Son más los católicos que no van a misa que los que buscan hostias los domingos, pero católicos se llaman todos. 

Por eso Massa no es un fenómeno y sí lo sigue siendo el kirchnerismo. Massa es una aventura, un atajo al gobierno de una personalidad ambiciosa con apoyatura del bloque económico anti-K, del sector de la embajada que detesta al kirchnerismo, de kirchneristas desencantados por las definiciones ideológicas insuficientemente explicadas, una apuesta osada por capturar el Estado, vender las acciones de las empresas que están en poder de ANSES, hacer 3000 millones de dólares de caja con eso, pedir deuda a tasa amigable a los mercados internacionales que mantienen el castigo político al kirchnerismo por su autonomía, reorientar el gasto hacia empresas que favorecieron la campaña y en tres años ver qué pasa. 

En caso de exponer públicamente el "plan de gobierno" que imaginan sus referentes económicos, Martín Redrado y José Ignacio de Mendiguren, Massa quedaría envuelto en una telaraña de contradicciones y expresaría también las inconsistencias entre el discurso y la realidad. 

Por ejemplo, el massismo ya le prometió a las entidades patronales del campo que va a eliminar o reducir sensiblemente el peso de las retenciones que, en definitiva, implicaría en el primer caso alrededor de $ 61.316 millones menos (si se toma como base lo recaudado en 2012) de ingresos al fisco. 

Además, no hay que perder de vista que la pelea "honorable" por coparticipar con las provincias los dos tercios de los $ 44 mil millones obtenidos del impuesto al cheque también le restarían ingresos a la Nación. 


Detrás de las supuestas "buenas intenciones" de la oposición de darles más recursos a las provincias también se esconde la intención de desfinanciar y debilitar al Estado Nacional. 

Debe ser complejo y difícil para Massa explicar cómo podría mantener la Asignación Universal por Hijo y la movilidad jubilatoria cuando paralelamente se erosiona la base recaudatoria del fisco y no se cuenta con el dinero para transferir estos recursos a los pobres y a los jubilados. 

También vale recordar que Martín Redrado ya está mostrándose frente a los acreedores y los Estados Unidos, como el negociador para llegar a un acuerdo y pagarle a los fondos buitre una suma varias veces millonaria que obligaría a la Argentina a salir pedir dinero prestado al mercado de deuda. 

Estas paradojas son las que les resultaría difícil argumentar a Massa en un hipotético debate público, que obviamente no quiere dar porque lo obligaría a poner sobre la mesa el garrote con el que el intendente de Tigre piensa golpear a los sectores medios y medios bajos, columna vertebral de su base electoral. 

El "enamoramiento" de la clase media con Massa está más asociado con la construcción mediática de "hacedor" en un distrito rico como Tigre que con la de un político decidido a crear nuevos derechos entre los sectores más postergados. Puede durar menos que el uno a uno, es otra fantasía, en caso de que llegue lejos. El proyecto de Massa se resume en eso. Es más: ya podría hablarse del post-massismo y sus consecuencias. 

  
El mayor merito que ha tenido e incidido en cierto sector de la población es haberles hecho creer que "ese no discurso de Massa", más los editoriales,  y  las mentiras de Lanata, son la realidad, calando hondo en los en los jóvenes. Es cierto que el gobierno ha cometido errores, como cito Hugo Presman en su página web: "los déficit en materia de transporte y de infraestructura vial, el retardo de la reforma impositiva, la subestimación de la inflación y de la inseguridad, el haberse enamorado de los indudables éxitos conseguidos que originan nuevas demandas, el haber dejado trunco la supresión de los subsidios a los sectores medios y altos, la instrumentación equivocada de medidas correctas, la arbitrariedad y falta de transparencia de las mismas y las denuncias de corrupción  remataron un coctel que pasó la cuenta el 11 de agosto".

Si no hubieramos cometido esos errores y menos subestimado al soberano, no se explica cómo un gobierno que puede ostentar grandes números macroeconómicos, la economía creció un 8,3% en el segundo trimestre del año y mal que les pese a algunos los niveles de empleo se mantienen estables, el aumento del costo de vida es superior al deseable, pero nada hace presagiar grandes sobresaltos para los próximos meses. A pesar de este marco económico, teóricamente favorable, que podría haberse utilizado para recuperar puntos en las legislativas de octubre, el gobierno navego en un terreno difuso.

Vuelvo sobre algo ya dicho más arriba: el problema que tenemos los argentinos es, de concretarse, el post massismo y lo que quede en pie. Ya vivimos los noventa y la debacle neoliberal y todo lo que nos costo ponernos de pie. Ojalá se den cuenta.

5 comentarios:

  1. A lo que cabría agregar, modestamente, la paradoja de querer expresar políticamente a la PBA, y buscar alianzas con aquellos que - objetivamente - no pueden menos que mantener, sino profundizar la actual coparticipación federal.
    ¿De dónde saldría la recomposición que piden Santa Fe y Córdoba?
    Salute !

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  2. Hoy masa fue a cuchichear con el puto lole, parece que le mangueó el apoyo de algunas figuras de joliwud:
    Bela Lugosi, Boris Karlof, Peter Cushing y Lon Channey.

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  3. Massa hace campaña para presidente, Insaurralde solo para diputado. hay confusion, la gente cree que vota un tipo que mañana va a poder tomar desiciones que seguiran siendo potestad del ejecutivo.Todos los analisis que se hacen de Massa son como si fuera a ser presidente, aun desde los blogs del palo y eso no es muy conveniente para insaurralde...creao que es un juego al que invita el Massismo y es falsa la opcion. gracias don daniel por sus posteos.

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